{"id":17701,"date":"2020-05-30T14:32:30","date_gmt":"2020-05-30T14:32:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.matizando.com.ar\/?p=17701"},"modified":"2020-05-30T14:32:30","modified_gmt":"2020-05-30T14:32:30","slug":"el-ajedrez-a-traves-del-tiempo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.matizando.com.ar\/?p=17701","title":{"rendered":"El ajedrez a trav\u00e9s del tiempo"},"content":{"rendered":"","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con el correr de los a\u00f1os, el escenario exterior de una partida de ajedrez de torneo ha sufrido muchos cambios. Desde la vestimenta de los jugadores hasta el mobiliario, pasando por las regulaciones reglamentarias y hasta el p\u00fablico y el ambiente, todo ha ido variando y acompa\u00f1ando las transformaciones que las modas, las costumbres y las tecnolog\u00edas han impuesto. Hagamos pues, un peque\u00f1o e imaginario viaje a trav\u00e9s del tiempo\u2026<br \/>\nPar\u00eds, 1843. Estamos en el Caf\u00e9 de la R\u00e9gence, templo sagrado del ajedrez mundial. Es diciembre y se disputa un encuentro, que ser\u00e1 c\u00e9lebre, entre dos de los mejores ajedrecistas de la \u00e9poca: el ingl\u00e9s Howard Staunton y el franc\u00e9s Pierre de Saint-Amant. Como no hemos venido a mirar el tablero sino lo que pasa fuera de \u00e9l, nos abstraemos del juego y observamos alrededor. Los jugadores van vestidos a la moda de su tiempo: uno lleva un terno de color negro, corbata blanca ancha y zapatos \u201cescarp\u00edn\u201d; el otro viste un saco marr\u00f3n, pantal\u00f3n angosto y medias de seda. Est\u00e1n sentados en poltronas y asomados a un tablero grande, apoyado sobre una mesa de madera maciza de art\u00edstico dise\u00f1o. Un secretario anota las jugadas de los contrincantes. El p\u00fablico, solamente hombres, tambi\u00e9n viste a la usanza de los tiempos y, curiosamente, est\u00e1 junto a la mesa: algunos sentados en sillas de estilo dispuestas a su alrededor, otros de pie. No parecen molestar a los contendientes y, por lo dem\u00e1s, no son muchos. El ambiente est\u00e1 lleno del humo de los cigarros que varios asistentes fuman; hay ruido, proveniente de algunas mesas m\u00e1s alejadas en las que se juega a las cartas y al domin\u00f3. A medida que pasa el tiempo, la oscuridad gana el lugar y un asistente acerca unos candelabros para iluminar el tablero. Los rivales parecen cansados. Escuchamos a alguien de entre los concurrentes que dice que est\u00e1n jugando desde hace m\u00e1s de diez horas; advertimos entonces que no hay reloj de control  y, por lo tanto, la partida podr\u00eda durar incluso d\u00edas enteros. El mismo hombre comenta que se est\u00e1 hablando de implementar algo para poder acotar la duraci\u00f3n de los juegos, probablemente relojes de arena (muy precisos, seg\u00fan \u00e9l\u2026).<\/p>\n<p>Hace fr\u00edo. No hay estufas. Ajedrecistas al fin, echamos una ojeada a la partida y vemos que puede haber muchas horas m\u00e1s de lucha\u2026Sigilosamente, nos retiramos. <\/p>\n<p>New York, 1924. Se est\u00e1 disputando uno de los torneos m\u00e1s fuertes de todos los tiempos. Aqu\u00ed hay once jugadores de primer nivel, entre los que destacan el Campe\u00f3n Mundial Jos\u00e9 Ra\u00fal Capablanca, Emanuel Lasker, Alexander Alekhine y Frank Marshall. Por supuesto, hay cambios respecto de nuestra visita al match de Par\u00eds. Han pasado ochenta y un a\u00f1os y el p\u00fablico, que sigue sin ser numeroso, est\u00e1 ahora en respetuoso silencio y se ubica a prudencial distancia de los tableros. Tanto los asistentes como los jugadores tienen un aspecto m\u00e1s moderno en su vestir: varios llevan traje con chaleco y corbata, otros alg\u00fan elegante smoking; al fin y al cabo, el ajedrez se considera un \u201cdeporte de caballeros\u201d y la vestimenta ha de estar acorde con ello. Los sombreros \u201cPanam\u00e1\u201d han reemplazado a las galeras y algunas damas \u2013interesadas por el juego y acaso tambi\u00e9n seducidas por la presencia del famoso \u201cDon Juan\u201d cubano, Capablanca\u2013 se mezclan entre los varones presentes. El lugar est\u00e1 debidamente aclimatado y se percibe en el aire una suerte de respeto reverencial ante los famosos  jugadores.<\/p>\n<p>Las piezas tienen ya el formato que conocemos en nuestros d\u00edas y las mesas pueden ser ahora consideradas verdaderas \u201cmesas de ajedrez\u201d, pues el tablero est\u00e1 directamente estampado sobre las mismas. Est\u00e1 en vigencia el uso del reloj de control y el de planillas, en donde cada jugador tiene la obligaci\u00f3n de anotar sus jugadas.<\/p>\n<p>En vista de que aguardar a los \u201capuros de tiempo\u201d nos llevar\u00eda a\u00fan mucha espera y quedan algunas cosas de tiempos venideros para visitar, nos vamos, con pesar por no alcanzar a ver al gran \u201cCapa\u201d o al \u201cviejito\u201d Lasker \u201cmanoteando\u201d sus relojes en el apremio por llegar al control\u2026<\/p>\n<p>Cuarenta y siete a\u00f1os despu\u00e9s, en 1971, la semifinal del Torneo Candidatura al t\u00edtulo del mundo enfrenta a la estrella estadounidense Robert \u201cBobby\u201d Fischer y al sovi\u00e9tico ex campe\u00f3n mundial Tigran Petrosian en un match en Buenos Aires. Estamos ahora en el Teatro General San Mart\u00edn, y podemos observar la enorme difusi\u00f3n que, con el paso de los a\u00f1os, ha ido alcanzando el ajedrez, hecho al que no es ajeno el genial norteamericano, quien con sus excentricidades, demandas y extraordinario virtuosismo sobre el tablero, ha contribuido a una gran popularizaci\u00f3n del juego. <\/p>\n<p>La sala est\u00e1 repleta de gente, como as\u00ed tambi\u00e9n el gran lobby del complejo teatral. All\u00ed, cientos y hasta miles de hombres y mujeres, se agolpan para observar, en grandes tableros murales, los comentarios que destacados maestros ofrecen sobre la sexta partida, que se encuentra en pleno juego. Ya no se guarda aquel celo en la vestimenta que muchos a\u00f1os atr\u00e1s obligaba a una casi obligada  indumentaria; ahora podemos ver, aparte de trajes y corbatas, personas en mangas de camisa, otros con chaquetas livianas y algunos hasta en ropa deportiva.<\/p>\n<p>En el escenario, un gran cartel de la FIDE y su lema \u201cGens una sumus\u201d, es el tel\u00f3n de fondo del \u00fanico tablero. Juegan en una moderna mesa especialmente dise\u00f1ada para la ocasi\u00f3n, y con un reloj anal\u00f3gico marca Roa, de alta precisi\u00f3n. Fischer utiliza un sill\u00f3n anat\u00f3mico que ha exigido antes de iniciar los juegos y viste un sencillo traje oscuro a la moda, al igual que su rival. Un indicador electr\u00f3nico, de cara a la platea, marca en letras rojas la palabra \u201cSilencio\u201d y una muy adecuada iluminaci\u00f3n est\u00e1 estrat\u00e9gicamente ubicada sobre el tablero.<\/p>\n<p>La partida alcanza el control de tiempo de la jugada 40 y ha llegado el momento de la suspensi\u00f3n. Petrosian anota la jugada \u201csecreta\u201d en su planilla, el \u00e1rbitro Lothar Schmidt la guarda en un sobre y ambos rivales firman el mismo. El juego se reanudar\u00e1 al d\u00eda siguiente, dando ocasi\u00f3n a los jugadores y a sus ayudantes de analizar la posici\u00f3n y su plan de lucha en la prosecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando los rivales se retiran del escenario, tambi\u00e9n nos retiramos nosotros, para as\u00ed poder \u201cviajar\u201d al \u00faltimo tramo de nuestro imaginario periplo ajedrec\u00edstico. Esta vez, aunque no asistimos a la decisi\u00f3n del juego, al menos nos vamos junto a todo el p\u00fablico, que comenta ansioso la posici\u00f3n aplazada y hace vaticinios sobre el probable resultado final de la lucha. Escuchamos a alguien que dice: \u201cEs una posici\u00f3n dif\u00edcil, as\u00ed que hasta en la tranquilidad de la mesa de an\u00e1lisis jugadores y analistas pueden tambi\u00e9n equivocarse\u201d. Y a\u00f1ade, prof\u00e9ticamente \u201cPero esperen unos a\u00f1os nom\u00e1s, que cuando se perfeccionen un poco esas m\u00e1quinas que juegan ajedrez\u2026 \u00a1eso se acaba!\u201d <\/p>\n<p>Nos trasladamos, por fin, a principios de 2015. Se est\u00e1 llevando a cabo en Wijk aan Zee (Pa\u00edses Bajos), el tradicional Torneo Tata Steel. All\u00ed vemos al campe\u00f3n mundial Magnus Carlsen, a la campeona mundial femenina Hou Yifan, a Fabiano Caruana y a otros miembros de la \u00e9lite mundial.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":17702,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[5,1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.matizando.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17701"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.matizando.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.matizando.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.matizando.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.matizando.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17701"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.matizando.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17701\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17703,"href":"https:\/\/www.matizando.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17701\/revisions\/17703"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.matizando.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/17702"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.matizando.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17701"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.matizando.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17701"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.matizando.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17701"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}