Sanagasta: Cerró la procesadora de Nueces

21 familias que quedaron sin trabajo

El cierre definitivo de la planta procesadora Karydiá generó fuerte preocupación en Sanagasta. Los trabajadores iniciaron una vigilia y reclaman precisiones sobre salarios, indemnizaciones y continuidad laboral.

La noticia golpeó de lleno a la comunidad de Sanagasta: una de las principales fuentes de empleo privado del departamento dejó de funcionar y decenas de trabajadores quedaron frente a un escenario de incertidumbre.

Se trata de la planta procesadora de nueces Karydiá, cuyo cierre definitivo fue confirmado esta semana. La medida afecta directamente a alrededor de 20 familias y, según información posterior, serían 21 los trabajadores alcanzados por la desvinculación.

El impacto trasciende las puertas de la fábrica. En una localidad donde las fuentes de empleo formal son limitadas, el cierre representa también un golpe para la economía familiar y para la actividad comercial vinculada indirectamente a esos ingresos.

Trabajadores en vigilia y reclamo de respuestas

Tras conocerse el cierre, los trabajadores comenzaron una vigilia frente a la planta para reclamar respuestas respecto de su situación laboral y, fundamentalmente, conocer cómo se instrumentarán los pagos pendientes y las indemnizaciones correspondientes.

El conflicto adquirió además una dimensión laboral luego de que trascendieran reclamos vinculados con salarios adeudados y situaciones de informalidad denunciadas por algunos trabajadores. Esos planteos deberán ser analizados en las instancias correspondientes antes de establecer responsabilidades y obligaciones definitivas.

La situación llevó a la Secretaría de Trabajo de La Rioja a intervenir de oficio, luego de tomar conocimiento del cierre y de la desvinculación del personal. El organismo provincial informó que la empresa no había presentado previamente un procedimiento preventivo de crisis ni una comunicación formal ante la cartera laboral.

“Di mi vida en esto”

En medio de la conmoción, el referente de la firma, Luís Giordano, reconoció públicamente la gravedad del momento y expresó su intención de priorizar el cierre del proceso respetando a quienes dependían laboralmente de la planta.

“Di mi vida en esto y es muy doloroso lo que estamos pasando y lo que están pasando todas las familias que dependen de esto”, manifestó visiblemente conmovido.

Las declaraciones reflejan la dimensión humana de una decisión que no solamente implica el cierre de una empresa, sino también la pérdida de una fuente de ingresos para trabajadores que desarrollaron allí buena parte de su vida laboral.

Una economía regional que vuelve a quedar bajo presión

El caso de Sanagasta vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad de las economías regionales y la dificultad que atraviesan numerosas empresas para sostener sus estructuras productivas y laborales.

La planta de nueces tenía un peso significativo en la generación de empleo privado local. Su cierre deja un interrogante abierto sobre el futuro de esos trabajadores y sobre la capacidad de la región para generar nuevas oportunidades laborales.

Mientras continúan las gestiones ante los organismos provinciales, los trabajadores esperan respuestas concretas sobre salarios, indemnizaciones y reconocimiento de los años trabajados.

Porque detrás del cierre de una fábrica no desaparecen solamente máquinas, producción y una unidad económica.

Quedan familias que necesitan seguir viviendo.


Redacción: www.Matizando.com.ar

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