Milei siendo Milei

Milei prefiere dejar que los parlamentarios echen a Adorni, que él ser, el quien le diga ándate, y así se muestra a la política, en su dimensión más pragmática, para poder sacar provecho de una ficha por otra.

Te entrego a Adorni por una conveniente y tensa negociación con otros sectores.

La reciente decisión del presidente Javier Milei de no exigir la renuncia de Manuel Adorni, dejando su continuidad sujeta al humor y los votos del Congreso, introduce un quiebre en el relato de blindaje absoluto que la Casa Rosada solía dispensar a sus propios cuadros.

Al trasladar la resolución de la crisis institucional al Palacio Legislativo, el Poder Ejecutivo no ejecuta un acto de fortaleza o lealtad extrema; por el contrario, expone una sutil entrega del Jefe de Gabinete a su propia suerte parlamentaria.

El argumento oficialista de sostener al funcionario para evitar un «precedente complejo» que condicione a futuras administraciones es, en términos editoriales, una elegante línea de defensa para ganar tiempo.

Sin embargo, la realidad de los números en ambas cámaras es adversa para La Libertad Avanza. Someter la permanencia de un ministro clave al dictamen de una oposición atomizada pero unificada en el rechazo a su figura —potenciada por las denuncias sobre su patrimonio— equivale a retirarle el paraguas protector directo del despacho presidencial.

Esta flexibilización del blindaje coincide, de manera sintomática, con el reciente recorte de las funciones de Adorni, quien fue desplazado del rol central de la Vocería Presidencial.

Despojado del micrófono principal que constituía su mayor fortaleza y plataforma de acumulación política, el funcionario quedó expuesto al desgaste programado. La Casa Rosada prefiere arriesgar la parálisis de su agenda legislativa —postergando debates clave como la ley de propiedad privada— antes que gastar un capital político propio que hoy prefiere reservar para batallas de mayor envergadura económica.

Si el peronismo y los bloques aliados logran consolidar la mayoría el próximo 25 de junio para avanzar hacia la interpelación y una eventual moción de censura, el desenlace será presentado por el Ejecutivo como un nuevo atropello de la denominada «casta».

El Gobierno parece haber encontrado en la fragilidad de Adorni un insumo discursivo más rentable para su narrativa de confrontación que la propia permanencia del funcionario en el gabinete.

En la fría lógica del poder central, la resistencia formal de hoy es solo la antesala de un final previsible, donde el costo de la caída será transferido por completo al Congreso.

Por Aldo Portugal

Redacción: www.Matizando.com.ar

Correo: prensalarioja@yahoo.com.ar

Portales Asociados: www.AldoPortugal.com.ar – www.LaRiojaChayera.com.ar