El «Oeste Grande»… la foto que no disimula la interna provincial.

La reciente reunión de intendentes del bloque denominado «Oeste Grande» en el departamento General Lamadrid, encabezada por el anfitrión Luis Orquera, fue presentada formalmente como un espacio de coordinación institucional para enfrentar la crisis económica y optimizar recursos regionales. Del encuentro participaron de manera presencial los jefes comunales Rodrigo Brizuela y Doria (Chilecito), Adriana Arias (Vinchina), Adriana Olima (Famatina), Miguel de la Vega (Castro Barros) y Antonio Sotomayor (Los Sauces), sumado a la adhesión a la distancia de Hugo Páez (General Felipe Varela). Sin embargo, detrás de la estudiada retórica del «federalismo interno» y la «agenda común», la puesta en escena deja al descubierto los hilos de una sorda interna política que sacude el tablero riojano.

El armado de este bloque regional no es casual ni responde únicamente a urgencias administrativas. En un contexto donde los recursos escasean y la dependencia de las arcas centrales de la provincia es asfixiante, la liga de intendentes del Oeste opera como un mensaje cifrado hacia la Casa de Gobierno. Al agruparse bajo una identidad geográfica y política propia, los mandatarios departamentales buscan ganar musculatura política para negociar de manera colectiva y evitar el habitual «goteo» discrecional e individual de fondos con el que el Ejecutivo provincial suele disciplinar a los territorios.

La insistencia en conceptos como «unirnos todos los intendentes» y la proyección de Orquera al asegurar que «en un futuro seremos todos», trasluce un malestar subterráneo que excede las fronteras del Oeste. La velada crítica apunta a la centralización de las decisiones en la capital provincial y a la falta de respuestas autónomas para el interior profundo. Al exhibir un frente consolidado, los jefes comunales intentan equilibrar la balanza de poder, disimulando bajo el paraguas de la «gestión de la crisis» una disputa real por la coparticipación interna y el reconocimiento político de sus liderazgos locales.

Esta liga de intendentes funciona, en la práctica, como un sutil bloque de presión. Saben que atomizados son vulnerables ante las decisiones del poder central, pero abroquelados representan una masa territorial imposible de ignorar. La foto de unidad en Lamadrid intenta maquillar las fisuras de una relación cada vez más tensa entre el interior productivo y el centralismo riojano, en una provincia donde la crisis económica no hace más que acelerar los tiempos y desgastar las lealtades políticas.

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