CÓDIGOS ROTOS: LA AMBICIÓN QUE BUSCA EL MONOPOLIO

Una de las empresas más importantes en infraestructura, sonido y logística de eventos en La Rioja ha iniciado una silenciosa pero feroz disputa por el control absoluto de la escena musical y nocturna. La firma, históricamente beneficiada con las adjudicaciones para el armado de la fiesta mayor de los riojanos, busca ahora expandir sus fronteras para quedarse con el negocio de la contratación de artistas de mediana y gran escala, asfixiando a los productores independientes de la provincia.

Quienes caminan el ambiente de la noche y el espectáculo señalan que este avance voraz no sorprende, ya que proviene de un empresario que ha demostrado no sostener los códigos ni la palabra frente a los compromisos asumidos con diferentes sociedades comerciales y civiles. La falta de respeto por los pactos preexistentes parece ser el sello de una gestión dispuesta a todo con tal de concentrar el mercado.

La estrategia reciente de presentarse como el espacio de llegada para artistas de segunda y tercera línea del folklore es un movimiento calculado para golpear la actividad de otros sectores. Mientras la organización de la máxima fiesta recae en las esferas oficiales, este jugador del ámbito privado aprovecha el impulso económico de contratos millonarios para financiar su propio monopolio.

La alarmante cifra de 1300 millones de pesos que mueve la logística del sector parece no ser suficiente cuando la meta final es el control total. En este escenario, la cultura y el entretenimiento riojano quedan bajo la amenaza de una corporación que no entiende de acuerdos mutuos ni de crecimiento compartido, sino de una ambición individual que desconoce la palabra empeñada.

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