Paliativos: El límite de la contención estatal en La Rioja

El reciente paquete de medidas anunciado por el Gobierno provincial, que incluye el congelamiento de tarifas y una histórica flexibilización en el pago de las facturas de energía eléctrica, se presenta como un respiro necesario para el bolsillo de los riojanos. Sin embargo, en un escenario de inflación persistente y pérdida del poder adquisitivo, surge un interrogante ineludible: ¿hasta dónde puede el Estado sostener un esquema proteccionista mientras las deudas de las familias siguen acumulándose?

La decisión política de mantener inamovibles los costos de la energía, el agua, el transporte y la conectividad hasta el 31 de agosto, sumada a la posibilidad de abonar los consumos de marzo y abril priorizando la factura vigente de mayo, funciona como un paliativo frente al impacto de las políticas macroeconómicas nacionales. Es, sin duda, un gesto de sensibilidad ante una clase trabajadora que ve cómo su salario se licúa mes a mes.

El paliativo frente a la deuda estructural

Si bien el beneficio de «saltar» momentáneamente los meses de mayor consumo para estabilizar el pago corriente permite que miles de hogares no sufran el corte del suministro, la realidad es tozuda: el paliativo no elimina la deuda. Los compromisos financieros ya asumidos por los ciudadanos, sumados a los saldos que eventualmente quedarán pendientes de pago, conforman una mochila que sigue pesando sobre la economía doméstica.

Las medidas de alivio permiten que las familias no caigan en la marginalidad de los servicios esenciales hoy, pero no resuelven el problema de fondo: una economía que golpea con dureza el poder de compra y que obliga a elegir entre alimentarse o pagar servicios.

El fin de la era del Estado omnipotente

Resulta imperativo analizar estas medidas con una dosis de realismo crudo. El Estado riojano, en un esfuerzo fiscal sin precedentes, ha decidido intervenir para frenar el impacto de la desregulación nacional. No obstante, es una verdad incómoda pero necesaria de decir: el proteccionismo estatal tiene límites físicos y financieros.

No siempre podrá el Estado ser el escudo absoluto ante cada embate de la economía global o nacional. La sostenibilidad de las empresas prestatarias y la propia salud de las arcas públicas dependen de un equilibrio que hoy está tensionado al máximo. Depender exclusivamente de la asistencia gubernamental sin una reactivación real del empleo y una estabilización de los precios es, en el largo plazo, una estrategia con fecha de vencimiento.

Hacia una responsabilidad compartida

Desde nuestra editorial, entendemos que estas decisiones son alicientes vitales en la urgencia. Pero también advertimos que el bienestar genuino no vendrá de la mano de un decreto de congelamiento, sino de una recuperación estructural del valor del trabajo. Mientras el ciudadano celebra el aire que le brindan estas medidas, debe ser consciente de que el contexto exige una administración austera de los recursos propios, entendiendo que el paraguas estatal, por más grande que sea, no puede tapar el sol de una crisis que requiere soluciones de fondo.

La Rioja transita hoy por una cornisa donde la contención social es la prioridad, pero el horizonte nos recuerda que el estado de bienestar permanente es, en estos tiempos, un desafío que requiere más que voluntad política: requiere una economía nacional que deje de asfixiar a quienes producen y trabajan.


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