Martin Menen No conoce el Barrio 4 de Junio
¿Se puede gobernar lo que no se camina?
En el tablero político nacional, Martín Menem ocupa hoy un lugar de privilegio. Ubicado en la tercera línea de la jerarquía institucional del país, su figura ha cobrado una relevancia que lo posiciona naturalmente como el principal referente de la oposición y posible candidato a la gobernación de La Rioja. Sin embargo, su ascenso meteórico en Buenos Aires contrasta con una realidad ineludible: la distancia física y vivencial que lo separó de la provincia durante gran parte de su vida adulta.
El debate no es nuevo, pero cobra una vigencia inusitada en tiempos de crisis. Mientras Menem esgrime duras críticas contra la gestión del gobernador Ricardo Quintela —centrando su discurso en la eficiencia administrativa y la transparencia—, desde diversos sectores de la comunidad surge una pregunta incómoda: ¿Puede alguien representar genuinamente los intereses de un pueblo con el que no convivió?
El mapa real vs. el mapa político
La política riojana tiene una mística particular; es una política de cercanía, de «calle» y de conocimiento territorial profundo. Para el ciudadano de a pie, la gestión no se mide solo en indicadores macroeconómicos, sino en el conocimiento de las realidades periféricas.
Es allí donde la figura del actual legislador nacional enfrenta su mayor desafío. Voces críticas señalan que Menem, formado y radicado durante décadas en la Capital Federal, desconoce el pulso cotidiano de los barrios que definen la identidad popular de La Rioja.
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La geografía del olvido: Resulta difícil imaginar un proyecto de urbanización o seguridad si se desconoce la complejidad de la calle Los Patos en la zona alta, o si no se ha transitado la vulnerabilidad y el espíritu de lucha del barrio 4 de Junio.
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Identidad y pertenencia: Sectores sociales se preguntan si es posible trazar soluciones para el barrio Las Banderitas desde un despacho en el Congreso, sin haber sentido el calor del asfalto o la falta de servicios que allí se padece.
El «Ciudadano Habitual» frente al referente nacional
El contraste es marcado. Martín Menem no es un «ciudadano habitual» de la provincia; es un hombre de la élite política nacional con un apellido de peso histórico, pero cuya cotidianidad ha transcurrido lejos del cerro Velasco. Esta falta de «presencialidad histórica» genera una barrera simbólica: la percepción de que su candidatura es una proyección de poder nacional más que una emergencia de la necesidad local.
Si bien la mala gestión que denuncia puede encontrar eco en sectores desencantados con el oficialismo, la legitimidad para proponer un cambio profundo suele requerir un contrato de confianza que solo se firma con los pies en el barro. La representación no es solo un acto jurídico o electoral; es un proceso de empatía y conocimiento de la idiosincrasia de quien se pretende liderar.
¿Conocimiento técnico o arraigo territorial?
El desafío para Menem será demostrar que su visión de «Nueva Política» puede suplir la falta de arraigo. El electorado riojano se debate hoy entre la promesa de una modernización impulsada desde el centro del poder nacional y la seguridad que brinda aquel dirigente que, con aciertos o errores, conoce cada bache y cada nombre de la geografía riojana.
En política, lo que no se conoce no se ama, y lo que no se ama difícilmente se puede transformar con éxito. La moneda está en el aire: ¿pesará más la jerarquía institucional o el conocimiento de la calle?
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