Criticaban la Presencia del Estado y Votaron a Milei
Del idilio libertario a la cruda realidad del ‘sálvese quien pueda’
Por la Redacción de Matizando.com.ar
En el complejo ajedrez político y económico de la Argentina reciente, un sector fundamental ha quedado atrapado en su propia jugada: el empresariado PYME que apostó masivamente por el proyecto de Javier Milei. Seducidos por un discurso que prometía dinamitar las estructuras del «Estado opresor» y liberar las fuerzas del mercado, muchos pequeños y medianos empresarios creyeron ver en el líder libertario al mesías que finalmente reconocería su valor como el verdadero motor de la economía.
Sin embargo, a poco de andar, el «amague» se volvió bofetada. La realidad, fría e impersonal como el libre mercado que defendieron, les demostró que en el esquema mental de la actual administración, las PYMES nunca fueron una prioridad, sino acaso un daño colateral necesario en pos de un equilibrio macroeconómico abstracto.
El espejismo del éxito sin Estado
Durante años, una parte considerable del sector se convenció de que sus ganancias eran fruto exclusivo de su pericia estratégica, alejándose de la realidad social y abrazando la idea de que eran el verdadero poder económico. En ese proceso, no pocos naturalizaron artilugios para mantener mano de obra en la informalidad o evadir obligaciones impositivas, sintiéndose superiores a una clase trabajadora a la que, en muchos casos, diezmaron.
Al votar a Milei, lo hicieron convencidos de que el enemigo eran «los planeros», la «política socialista» y la intervención estatal. Pidieron a gritos la «motosierra», sin imaginar jamás que el primer corte profundo sería en sus propias cuentas de resultados.
El golpe fue seco. De repente, descubrieron la vital importancia de aquello que tanto denostaban: los subsidios a la energía eléctrica, al agua, al transporte e incluso a la cosecha. El retiro abrupto de la red de contención estatal los dejó desarticulados, incapaces de asumir los costos reales que, paradójicamente, tanto pedían que se transparentaran.
De la nostalgia del subsidio al pánico importador
Hoy, el escenario es desolador para muchos de esos votantes esperanzados. Cerraron empresas, no pueden pagar sueldos y la evasión ya no es una opción viable frente a la caída vertical del consumo. Aquellos «planes» que criticaban, pero que utilizaban para pagar parte de los salarios en sus negocios, desaparecieron. Las tarifas de luz, gas y combustible se volvieron impagables.
«Ahora la ven», dice la frase de barricada oficialista, pero el paisaje que observan es el de la desprotección total. Milei les cumplió la promesa del libre comercio, pero no el intercambio idílico entre pares que imaginaban, sino la competencia brutal frente a la importación masiva de productos chinos.
Ante esta amenaza existencial, aquellos que pedían que el Estado se quitara del medio, ahora claman por protección. La palabra «libre comercio», que antes sonaba a música para sus oídos, hoy resuena como una sentencia de muerte para la industria nacional. Miran con nostalgia el «Estado presente» que ayudaron a demoler con su voto.
Reflexión Final
La historia reciente de este sector empresarial es una lección dolorosa sobre las consecuencias de la desconexión entre la ideología y la realidad operativa. Estuvieron profundamente equivocados al creer que un modelo basado en el individualismo extremo y la ausencia de regulaciones los beneficiaría por defecto. Omitieron que, sin un mercado interno fuerte sostenido por el Estado, sus empresas eran vulnerables. Hoy, frente a las persianas bajas y las deudas acumuladas, no queda más remedio que hacerse cargo de la decisión tomada en las urnas. El voto tiene consecuencias, y el «sálvese quien pueda» rara vez incluye a los más pequeños.