Fuego Interno 2026

El tablero político de la provincia de La Rioja comienza a mostrar movimientos estratégicos de cara a la sucesión gubernamental. Con el Partido Justicialista como eje central, las figuras de Teresita Madera, Florencia López, Armando Molina y Federico Sbiroli se posicionan en una carrera interna donde el capital territorial, la gestión y el alineamiento con el proyecto de Ricardo Quintela serán determinantes.

La fisonomía de la política riojana se debate hoy entre la consolidación de liderazgos territoriales y la proyección institucional. La danza de nombres sugiere un escenario de tensiones naturales y equilibrios necesarios para mantener la unidad del oficialismo en un contexto nacional complejo.

Los perfiles en pugna

  • Teresita Madera: La actual vicegobernadora cuenta con la ventaja de la institucionalidad y un histórico arraigo en la Capital riojana. Su perfil combina experiencia legislativa con una presencia constante en el territorio. Su mayor activo es la lealtad al proyecto provincial y su capacidad de articulación con los diversos sectores del peronismo capitalino, lo que la posiciona como una opción de continuidad con rostro social.

  • Florencia López: Representa la fuerza del interior, particularmente del departamento Arauco. Su paso por la vicegobernación y su actual rol en el Senado de la Nación le otorgan un perfil de estadista con visión federal. López ha demostrado capacidad para traccionar votos fuera de la Capital, un factor clave si la estrategia electoral busca blindar el apoyo de los departamentos del interior frente a cualquier dispersión en el principal centro urbano.

  • Armando Molina: Como intendente de la Capital, Molina gestiona el distrito más complejo y poblado. Su transición de ser «el hombre de confianza» en la Secretaría General a la gestión ejecutiva directa lo ha puesto en el centro de la escena. El éxito o las dificultades de su gestión municipal serán el termómetro de sus aspiraciones. Su fortaleza reside en el control del aparato político capitalino y su simbiosis con la visión de transformación urbana del actual gobernador.

  • Federico Sbiroli: El dirigente sanagasteño aparece como una figura de renovación. Su gestión en Sanagasta le permitió proyectar una imagen de dinamismo y eficiencia, especialmente vinculada al desarrollo turístico y cultural. Sbiroli representa a una generación intermedia que busca espacio en la mesa de decisiones provincial, aportando un aire fresco que podría captar sectores del electorado que buscan perfiles menos tradicionales dentro del justicialismo.

Dinámica de la sucesión

El concepto de «fuego cruzado» no implica necesariamente una ruptura, sino la puja de intereses por la hegemonía del proyecto post-Quintela. El desafío para estos cuatro dirigentes será medir sus fuerzas sin erosionar la base de sustentación del gobierno actual. La Capital (Madera y Molina) versus el Interior (López y Sbiroli) vuelve a ser la dicotomía que definirá la ingeniería electoral, donde la capacidad de consenso y el ordenamiento interno evitarán que las aspiraciones personales debiliten la estructura partidaria.


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