Jóvenes de 20 a 30 años: crece la decisión de no tener hijos

En los últimos años, se consolida una tendencia que interpela de manera directa a las sociedades contemporáneas: un número creciente de jóvenes de entre 20 y 30 años manifiesta de forma explícita que no desea tener hijos. Lejos de tratarse de una postura aislada o circunstancial, el fenómeno adquiere características estructurales y plantea interrogantes profundos sobre el futuro demográfico, económico y cultural.

Desde el punto de vista demográfico, esta decisión impacta de manera directa en la sostenida caída de las tasas de natalidad. En numerosos países, incluida la Argentina, la fecundidad se encuentra por debajo del nivel de reemplazo generacional, lo que anticipa sociedades progresivamente envejecidas y con menor proporción de población joven activa. De mantenerse esta tendencia, el descenso poblacional y el envejecimiento serán desafíos centrales en las próximas décadas.

En el plano económico, las consecuencias proyectadas no son menores. Una población activa más reducida deberá sostener sistemas previsionales y de salud cada vez más exigidos por el aumento de la expectativa de vida. Este escenario obliga a repensar reformas estructurales, como la edad jubilatoria, los esquemas impositivos y, en algunos casos, la incorporación de inmigración laboral como estrategia de compensación.

A nivel social y cultural, la decisión de no tener hijos refleja un cambio profundo en los modelos tradicionales de familia y en la concepción del proyecto de vida. La maternidad y la paternidad dejan de ser mandatos incuestionables para convertirse en opciones personales, muchas veces desplazadas por prioridades como la estabilidad económica, el desarrollo profesional, la libertad individual y el bienestar emocional. En este contexto, se multiplican los hogares unipersonales y las parejas sin hijos.

El rol del Estado también se ve interpelado. Las agendas públicas comienzan a debatir políticas de incentivo a la natalidad —licencias extendidas, beneficios fiscales, sistemas de cuidado— aunque su eficacia resulta limitada si no se abordan las causas estructurales: precariedad laboral, acceso a la vivienda, incertidumbre económica y crisis ambiental. Se abre así una tensión creciente entre la libertad de elección individual y la sostenibilidad social a largo plazo.

Finalmente, en el plano subjetivo y existencial, esta tendencia expresa una percepción compartida por amplios sectores juveniles: la dificultad de proyectar futuro en un contexto marcado por la incertidumbre. La pregunta por el legado, la trascendencia y el sentido vital se reformula, alejándose del modelo tradicional asociado a la descendencia y explorando nuevas formas de realización personal.

La decisión de no tener hijos ya no puede leerse como una excepción, sino como un síntoma de época. Comprenderla sin prejuicios, pero con responsabilidad colectiva, será clave para pensar políticas, narrativas y modelos sociales acordes a los desafíos del presente y del futuro.


Redacción: www.matizando.com.ar

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